martes, 15 de mayo de 2012

Autorretrato: Stephan Hausner




Mucha gente tiene historias familiares difíciles y pesadas, quizás con traumas no resueltos. Al menos la mía los tenía. Gracias a las constelaciones encontré explicaciones y perspectivas nuevas y me ayudó a encontrar paz. ¿Estas dinámicas familiares pueden generar enfermedades? Parece difícil de creer y es así. Vi ejemplos conmovedores en un taller de Stephan Hausner en Barcelona, un constelador alemán que utiliza las constelaciones familiares en el entorno de la salud. Me impresionó su manera respetuosa de tratar a los clientes y su capacidad de crear un entorno con el grupo que era libre de juicio y de tratar los hechos pesados y situaciones difíciles con amor. Después de esta experiencia impactante me alegré mucho de haber tenido la posibilidad de hacer una entrevista con él para presentaros su valioso trabajo:

¿Qué son las constelaciones familiares?

No es una pregunta fácil. Si preguntas esto a diferentes consteladores, llegarán tantas respuestas diferentes como personas a las que has preguntado. En realidad, no utilizo tanto el término "constelación familiar", lo he substituido por “constelaciones sistémicas” porque mi trabajo se trata de las familias en primer lugar, pero también más allá de las familias. Las constelaciones sacan a la luz como los traumas de nuestros antepasados, con los que estamos vinculados por destino, sobreviven e influyen en la vida de los descendientes. Bert Hellinger abrió el camino para este método. Mi imagen de una constelación es que se trata, entre otras cosas, de desplazar un proceso interno hacía fuera. Utilizo este trabajo con frecuencia en el contexto médico porque corresponde con mi experiencia.

¿Cómo has descubierto las constelaciones familiares para tu trabajo?

Hace 25 años que trabajo como homeópata, mi interés original fue la medicina tradicional china y también la antigua medicina griega. Ambas son medicinas que tratan de descubrir lo que está en desorden en el cuerpo a través de un sistema diagnóstico e intentan restablecer el orden poniendo en marcha un estímulo adecuado. Me dediqué a la homeopatía durante mucho tiempo y la búsqueda constante para reducir los procesos de tratamiento y para comprender la enfermedad y los fenómenos de curación me llevó a una conferencia en la que encontré a Bert Hellinger y descubrí su trabajo. Cuando le escuché hablar del orden en los sistemas familiares fue fácil para mí conectar sus ideas con la comprensión de la salud de las medicinas tradicionales, de tal manera que un desorden en el sistema familiar puede crear dificultades en la vida cotidiana y el trabajo de las constelaciones familiares es el método elegido para sacarlo a la luz.

El trabajo de las constelaciones significa que tengo la posibilidad de constelar un sistema de relaciones físicamente con representantes en una sala y luego sucede algo que nadie puede explicar realmente hasta ahora: los representantes sienten como sienten las personas reales. Todavía no se puede explicar por qué es así, pero se comprueba una y otra vez que es así y se puede trabajar con las dinámicas y los movimientos que aparecen allí. Así se puede observar cuales son las conexiones no saludables en una familia y qué conexiones sí lo son. A través del proceso terapéutico es posible restaurar nuevamente un orden en el sistema para que se puedan convertir los vínculos no saludables en saludables.

¿Qué es la medicina sistémica?

Para mí, una de las observaciones más importantes en el trabajo de las constelaciones con enfermedades es que una enfermedad no es un fenómeno personal. Muchas enfermedades sólo pueden ser entendidas cuando son observadas en un contexto más amplio. La medicina sistémica significa para mí que hay enfermedades que deben ser comprendidas ampliando el sistema y a través de este sistema más amplio se puedan abrir nuevos espacios para que surjan movimientos sanadores. 

¿Qué es lo que te fascina?

Considero el trabajo de las constelaciones especialmente apropiado si los métodos buenos del tratamiento hasta ahora no muestran el éxito esperado. A menudo encuentro a pacientes que están en manos de médicos buenos y no obstante no mejoran. Muchas veces esto es una señal que detrás de la enfermedad actúan dinámicas familiares. Colaboro desde hace muchos años con una pediatra homeópata y, si no logra los efectos deseados con los niños, manda a sus padres a hacer una constelación conmigo. Muchas veces pasa que el remedio homeopático que antes no ha surtido efecto empieza a actuar de repente después de que los padres hagan la constelación. Lo que me fascina, sobre todo, es que este trabajo se dirige al poder de la auto-curación de los pacientes y lo ideal sería una actividad médica sin el uso de la medicación. En realidad, es una forma de medicina relacional o de encuentro.

¿Qué son enfermedades que con frecuencia tienen un origen en la dinámica familiar?

Creo que una enfermedad siempre tiene acontecimientos multifactoriales. Multifactorial significa que hay un componente físico, emocional y espiritual y probablemente también un componente familiar. Básicamente se puede trabajar para todas las enfermedades con las constelaciones aunque no es necesariamente útil para todas. Las constelaciones tienen sentido para las enfermedades crónicas tales como las enfermedades auto-inmunes, alergias, cánceres y cuando tratamientos buenos no muestren el efecto deseado.

¿Qué potencial tienen las constelaciones para el enfermo?

Para mí es fundamental reconocer que la enfermedad no es un fenómeno personal del enfermo pero que muchas enfermedades sólo pueden ser entendidas y ser tratadas si las considera en un contexto más amplio, como por ejemplo, de la familia. De esta manera los padres pueden aliviar a sus hijos. Una de las dinámicas más comunes en constelaciones con las enfermedades es aportar luz en la carga que los niños están dispuestos a llevar por amor a sus padres, es decir, los traumas no-resueltos que todavía se están viviendo en la familia.

¿Cuáles son los límites?

Un límite que tiene validez para todos los tratamientos médicos es que el trabajo sólo puede ser tan bueno como la persona que lo hace. No se trata sólo de la técnica, también se trata de la actitud y del trabajo corporal que, en mi opinión, no se tiene en cuenta suficientemente en las constelaciones. Mi ventaja es que llevo trabajando con kinesiología desde hace años. Así puedo sentir en el cuerpo del cliente si su cuerpo va con lo que expresa y lo que dice o no.
Otra observación que hacemos es, muchas veces, se tratan contenidos excluidos en las constelaciones y muchos síntomas recuerdan a contenidos excluidos de la propia biografía o de la historia familiar. El fondo de la exclusión es una sobre exigencia en una situación traumática en la que no se tuvo los recursos suficientes para enfrentar ese tema de manera buena. La exclusión así es una forma de auto protección para sobrevivir. La experiencia es que estos contenidos no resueltos no se callan pero se muestran en el cuerpo o entran en las generaciones posteriores como hijos o nietos y a veces se muestran a través de síntomas. En este sentido un límite importante es el cliente mismo: hasta qué punto es posible para el cliente abrir su corazón a lo que vive en la constelación. Finalmente, se trata de un proceso de integración. También se tiene que decir que es un procedimiento paso a paso y un acercamiento a lo que antes fue experimentado como dramático y traumático. Se trata de la liberación de la fuerza que era ligada al trauma e, idealmente, esto que estaba ligado se convierte más tarde en un recurso especial.

¿Qué rol tienes tú como constelador en la constelación?

Cuando me puse en contacto con las constelaciones ya estaba firmemente convencido de que en los casos donde se realiza una curación se trata de auto sanación al final. Si se llega a este punto como médico uno tiene que preguntarse, ¿qué es lo que se puede hacer realmente para el cliente? Quizás, lograr crear un ambiente en el que las fuerzas de auto sanación surten efecto perfectamente, ese era mi deseo antes y cuando entré en contacto con las constelaciones, me di cuenta de que es un camino bueno para crear este ambiente de auto sanación con un grupo.
Al final, todo en el trabajo de las constelaciones es percepción y actitud. El constelador debe lograr que cree un ambiente con el grupo en el que cada uno sienta que pueda abrirse y que después nadie le juzgará por lo que ha salido a la luz. Esta es una gran responsabilidad del constelador. También tiene que dominar su técnica, necesita una buena percepción a la vez que debe estar con ambos pies en el suelo. Me gustaría añadir algo aquí. En mi opinión, el trabajo de las constelaciones tiene un problema: se puede constelar todo y siempre hay algo que sale. Y a veces los movimientos de los representantes pueden inducir a procesos traumáticos que luego exigen al cliente otra vez y vuelven a traumatizarle. El constelador debe estar formado para que tenga un contacto y una atención constante con el cliente, para que pueda preparar todo lo que la constelación muestra para el cliente pueda integrar lo importante. Entonces, por un lado el constelador prepara el campo al igual que un jardinero y promueve los procesos de crecimiento, por otro lado actúa como un mediador entre los eventos de la constelación y el cliente para que se pueda realizar un proceso de integración adecuado.

¿Hay alguna experiencia que te haya impresionado en particular?

Quiero compartir un caso de un hombre de 35 años que estaba sufriendo durante tres años de hipertensión arterial. Cuando le pregunté si ocurrió algo especial en su vida hace tres años, respondió que la empresa donde estaba trabajando, de repente, se declaró en quiebra y tuvo que encontrar un nuevo empleo, él confesó tener la sensación de que “le habían quitado la vida”.

Le pregunté si había sucedido algo en la relación con su padre. El paciente se puso de mala gana y dijo: “Cuando tenía 17 años, mi padre dejó a mi madre!”, le pregunté si se había enfadado con él: “Sí, porque tenía que tomar su posición”. Para no entrar en detalle de su ira escogí cambiar al nivel objetivo: "Frecuentemente, la dinámica familiar oculta de los pacientes con hipertensión es un amor que es o tiene que ser reprimida”. La declaración afectó al paciente: “Yo amaba siempre a mi padre, pero tenía la sensación de que no lo tuviera permitido porque había hecho mucho daño a mi madre”. En este punto, pedí al paciente que escogería tres representantes para su padre, su madre y él mismo.  El paciente posicionó su representante al lado de su madre y el representante del padre un poco aparte de ambos. Cuando les pedí a los representantes que cedieran a sus impulsos, el representante del padre dio la espalda a su esposa y al hijo resignadamente. La impresión era que no tenía ninguna posibilidad con su esposa. El representante de la madre dijo que todo era demasiado y que su hijo estaba demasiado cerca. Hizo un paso claro atrás y se sentía visiblemente mejor con la distancia más grande. El representante del paciente, sin embargo, siguió inmediatamente. El representante de la madre respiró otra vez gravemente cuando su hijo estaba a su lado y dio varios pasos atrás. Cuando el hijo quería seguirla, lo miró con una mirada seria para dejar claro que no quería que la siguiera. Su historia familiar reveló que la madre perdió a su padre cuando tenía cinco años y con esta pérdida a la espalda le pareció difícil atarse con su familia y admitir cercanía.

Me dirigí al paciente y pregunté: “¿Quién era siempre el responsable de las dificultades de la relación de tus padres?”, me respondió de inmediato: “¡Mi padre!” Le di tiempo para reflexionar y volví a preguntar: “¿Y qué ves reflejado en la constelación?”, el paciente respondió: “¡Mi madre!”. Pedí al paciente que mirara a su padre y le dijera: “¡Querido papá, lo siento, yo no era libre!”, lloró cuando repitió la frase.
El representante del padre instantáneamente se acercó al paciente y lo abrazó. El paciente lloró en los brazos de su padre y tenía su mano a su corazón. Una y otra vez dijo: Me duele mucho. El representante de su padre lo agarró y le aseguró: “Es bueno, todo irá bien!”, la representante de la madre se sintió aliviada mirando al hijo en los brazos de su padre. Miró a los dos con buenos ojos. Al fin del curso, el hombre dijo: “Por mucho que me dolía el corazón en los brazos de mi padre, se ha resuelto algo. Ahora siento una ligereza que antes no había conocido”.

Ese caso mostró un cambio de la perspectiva que era absolutamente impresionante. Al inicio, el padre fue culpable y responsable de todo el sufrimiento y en la constelación pudo ver de que estaba relacionado con la madre porque ella había perdido a su padre pronto.

¿Cómo puedo darme cuenta de si podría ser bueno para mí hacer una constelación?

Hay varias posibilidades. Puedes leer mi libro Aunque me cueste la vida, está escrito como un viaje y cuando estás disponible a abrir el corazón para los procesos escritos, activarás procesos en ti y puedes reconocer dónde estás en una situación parecida y cuáles pueden ser tus pasos de solución. Era mi deseo escribir este libro como libro de autoayuda. Hay muchos ejemplos para que cada uno pueda aprender de las dificultades de los demás y, sobre todo, encontrar procesos para resolver los problemas. Lo mejor sería que participaras como observador en un grupo de constelaciones y ahondaras en estos procesos desde una distancia segura y pudieras dejarte mover. Esto producirá una u otra pregunta que será importante para ti y para tu propio proceso de crecimiento.

¿Existe una actitud sanadora? Si existe, ¿cuál es?

En muchos casos se trata de contenidos excluidos que son parte de la propia biografía o de la historia familiar. Mi impresión es que una persona ya puede entrar en establecer cambios de actitud mientras se abre a estos temas tabú, estos temas difíciles, traumáticos o pesados, desde una distancia segura, con buenos ojos, y los reconoce como realidades. Al final se trata de aceptar lo que ocurrió con las consecuencias que tenía. Muchas enfermedades surgen cuando uno se agarra a otra realidad diferente a lo que realmente la realidad era; si la lucha contra ella termina se abren nuevos espacios en los que los procesos sanadores puedan llevarse a cabo.

¿Qué rol desearías tú que tuvieran las constelaciones en el ámbito de la salud?

En la actualidad, me parece que es una gran tragedia el hecho de que se pueda escribir una historia clínica durante años o décadas en un país que se llama “desarrollado” sin que se plantee la pregunta de qué es lo que realmente sucedió en la familia. Cualquiera puede comprender probablemente que la muerte de la madre durante el propio nacimiento produce una emoción de culpa increíble en la propia vida que puede manifestar la aparición de una enfermedad o de síntomas. Mi deseo sería que un tipo de “masa crítica” sea logrado para que la enfermedad ya no sea vista como un fenómeno personal, sino tal vez como una dinámica familiar, y que, sobre todo, una forma de “educación para la salud” llegue a las escuelas para que los niños aprendan la importancia que una enfermedad puede tener en los sistemas familiares y cual sería su trato necesario.
Ahora mismo me ocupa el hecho de recoger términos que están asociados con la salud, según mi criterio. Las palabras que se me ocurren espontáneamente son identidad, autenticidad, vínculo y presencia. Para mí sería revolucionario si estos conceptos estuvieran presentes en las clases escolares en relación con la aparición de enfermedades y quizás también con la prevención de enfermedades.

¿Hay algo que te gustaría añadir que todavía no has dicho?

Para mí es un gran deseo que el trabajo de las constelaciones en el entorno de “Salud y Enfermedad” ocupara su lugar, que las posibilidades puedan ser exploradas y los límites se reconozcan tal y como tiene lugar en la terapia. También quiero dar las gracias a Bert Hellinger por abrir el camino hacia este método.


¡Muchas gracias a Stephan Hausner por esta entrevista!


Natalie Jovanic
natalie.jovanic@googlemail.com

lunes, 6 de febrero de 2012

La Brújula, nº2

Feliz 2012 a todos, año que seguro vendrá cargado de luz, nuevos sueños y esperanzas. Quiero aprovechar estas líneas para darte las gracias por la amable acogida que ha tenido Crearte Magazine. Las más de 11.000 visitas, además de vuestras palabras de ilusión y gratitud, son las que nos hacen estar trimestralmente otra vez aquí.
Empezamos el año con energía y un número lleno de oportunidades e ideas para guiarte en tu camino hacia el autoconocimiento.

Los artículos sobre ecología emocional, metáforas para el cambio, feng shui y la rueda de la vida te aportarán nuevas estrategias y herramientas para tu trabajo personal.
En nuestra sección Cuerpo y mente encontrarás sugerencias para establecer una rutina saludable corporal, coaching postural, y mentalmente, creer es crear.

El apartado Coach? amplía fronteras hacia tres posibles ámbitos donde el coaching tiene una aplicación relevante y significativa: el paro, la adolescencia y la formación.

Crearte Magazine ha escogido para este número dos un reportaje central que nos anima a poner color a nuestro yo más profundo a través del pincel con la arteterapia; y un entrevistado que nos conduce hacia un esclarecedor paseo por el eneagrama y el sinsentido común de la sociedad, el emprendendor periodista, coach y escritor Borja Vilaseca.

Como siempre, tu colaboración es la que nos hace ser mejores día a día por lo que te recuerdo el mail crearnos@creartemagazine.com y nuestro blog http://creartemagazine.blogspot.com donde esperamos seguir recibiendo las peticiones y sugerencias que día tras día nos permitan estar más cerca de ti.

Quiero aprovechar estas líneas para recordarte que si lo que quieres es pasar a la acción y emprender un camino firme y seguro hacia tus metas, Crearte Magazine pone a tu disposición a nuestro equipo de coaches profesionales que te permitirán llevar a cabo un proceso que se adecue a tus objetivos individuales. La primera sesión es gratuita y sin ningún tipo de compromiso, encontrarás nuestros perfiles y contactos en la contraportada de la revista.

Dicho esto, te dejo con el segundo número de Crearte Magazine (www.creartemagazine.com) y deseo, de todo corazón, que lo disfrutes tanto o más que el primero. Un cálido abrazo.

Arteterapia, la sanación del pincel


Hay ocasiones en las que las palabras no son suficientes a la hora de expresar todo aquello que sentimos, no llegan a representar la totalidad de nuestras ideas o aquellas emociones que están en nuestro interior y necesitan ver la luz. Es en estas ocasiones donde el arte aparece como magia para ayudar a que fluyan todos esos aspectos íntimos con la tranquilidad y seguridad del lienzo o la expresión artística que elija para la ocasión.

¿Por qué arte y por qué terapia?

El arte ha acompañado al ser humano desde el comienzo, siempre ha sido una herramienta para tratar de entender el mundo que nos rodea. Los niños son quienes saben aprovechar mejor esta forma de expresión y el dibujar tiene un rol de suma importancia en el desarrollo evolutivo. Desafortunadamente el arte tiende a intelectualizarse tanto que se deja de lado la creatividad y se sustituye por expresiones como “yo no entiendo de arte” o “yo no sé pintar” olvidando que la creatividad es innata en todo ser humano.
El arteterapia es un tipo de terapia artística que consiste en el uso del proceso artístico con fines terapéuticos. Parte de la idea de que tanto los problemas cognitivos como las inquietudes psicológicas y emocionales pueden ser trabajadas por parte de la persona mediante la producción artística. Para ello, pone a disposición diferentes disciplinas artísticas, a escoger según la situación terapéutica que se esté atravesando: plástica, dibujo, pintura, música, teatro, danza, etc.
En arteterapia la producción artística ayuda a restablecer la capacidad natural del individuo para relacionarse consigo mismo, expresar lo que siente y ser partícipe del mundo que le rodea. Se basa en l expresión y consecuente comprensión de uno mismo.
La Asociación Profesional Española de Arteterapeutas (ATE) define arteterapia como una profesión de ámbito asistencial que se caracteriza por el uso de medios y procesos artísticos para ayudar a contener y solventar los conflictos emocionales o psicológicos de las personas.
En arteterapia, el proceso de creación artístico y los objetos resultantes actúan como intermediarios en la relación terapéutica, permitiendo que determinados sentimientos o emociones conflictivas encuentren vías de expresión complementarias o alternativas a la palabra.

¿Cuáles son sus orígenes?

El ser humano ha empleado el arte como modo de expresión incluso antes de que apareciera el lenguaje verbal. “Desde los inicios del ser humano, con las pinturas rupestres, el arte ha sido una forma de expresar y de comprender nuestro entorno”, explica Sally Schofield, Presidenta de la Asociación Profesional Española de Arteterapeutas (ATE, www.arteterapia.org.es) y una de los vicepresidentes la de Federación Española de Asociaciones Profesionales de Arteterapia (www.feapa.es).
Desde los inicios el arte es una herramienta mediante la cual el hombre se expresa, conecta con su ser plasmando y elaborando sus sentimientos y por tanto tomando conciencia de sus dolores físicos, emocionales o existenciales. El ser humano encuentra en el arte una forma diferente de bucear dentro de nosotros mismos, de llegar y explorar nuestros lados más profundos e integrar así su parte mental, física, emocional y espiritual.
En la Antigüedad Clásica se descubrieron las propiedades terapéuticas del arte y los beneficios de practicarlo para conseguir el equilibrio general del ser humano y la elevación de la consciencia. En el siglo XIX un grupo de psiquiatras europeos comenzaron a interesarse por las obras artísticas de pacientes mentales. En ese momento, destaca especialmente la aportación de Hans Prinzhorn, psiquiatra vienés, que consideraba la motivación creativa como una motivación básica de la especie humana, y que toda la creación albergaba un potencial de autosanación.
“Adrian Hill, un artista y profesor británico, acunó el termino “Art Therapy” en 1942. Descubrió el beneficio terapéutico de dibujar a nivel personal mientras se recuperaba de tuberculosis en un sanatorio durante la segunda guerra mundial”, explica Sally. Posteriormente, comenzó a compartir con los otros enfermos, los reconfortantes efectos de su actividad creativa en aquellas épocas tan angustiantes. Según parece, algunos de los pacientes comenzaron a dibujar y a pintar las terribles escenas de muerte y desolación que habían vivido en el frente; estas pinturas les servían para poder comunicar su sufrimiento y sus temores. En 1943 publicó su primera obra Art as an aid to illness: an experiment in occupational therapy, y en 1945, Art versus illness.
A partir de entonces, se suceden los trabajos y las investigaciones sobre el tema. Una de las pioneras de la sistematización del arte como terapia, la norteamericana Edith Kramer, publica en 1958, su libro Terapia a través del arte en una comunidad infantil, en el que nos ofrece las primeras definiciones y consideraciones de esta “nueva profesión”. Relata la interesante experiencia de rehabilitación, a través del arte terapia, practicada con niños problemáticos de barrios marginales de Nueva York, en un centro educativo de internamiento.

Arteterapia como profesión

En Estados Unidos y Gran Bretaña la profesión de arteterapia tiene un recorrido de más de 60 años y está regulada y reconocida por el Estado. En Alemania el arteterapia está cubierta por las mutuas para tratar ciertas dolencias o trastornos. En España no es una profesión regulada por el Estado y no existen parámetros para poder ejercer. Actualmente la ATE y otras asociaciones profesionales que forman parte de la FEAPA (Federación Española de Asociaciones Porofesionales de Arteterapia) promueven la investigación en arteterapia y la formación continua de profesionales que desarrollen la profesión en España porque, curiosamente y a pesar de la falta de reconocimiento estatal, la demanda de arteterapia ha aumentado de forma increíble en los últimos 5 años.
Para ser arteterapeuta es importante tener una formación artística de base y conocer bien los materiales/métodos con los que trabaja, en palabras de Sally: “es importante que el terapeuta tenga mucho conocimiento y confianza con los materiales para así, si es necesario, poder darle al paciente el apoyo que necesita y sostenerle en los momentos de incertidumbre”. La formación en arteterapia cuenta también con una amplia formación psicológica, además de combinar teoría con trabajo experiencial y prácticas en clínicas. En la página web de la BAAT (la Asociación Británica de Arteterapeutas) se pone de manifiesto la necesidad de madurez y flexibilidad de las personas que quieran formarse y ejercer como arteterapeutas.

Aplicaciones del arteterapia

El arteterapia ofrece la posibilidad de trabajar con cualquier colectivo, especialmente con personas que tienen problemas a la hora de expresarse a nivel verbal. Los campos de aplicación se extienden desde la salud y la educación hasta la asistencia social; veamos algunos ejemplos:

  • Salud física
  • Salud mental
  • Servicios penitenciarios y forenses
  • Servicios públicos y privados para niños, adolescentes, adultos y personas de edad avanzada- Educación
  • Cuidados paliativos
  • Servicios para problemáticas relacionadas con las drogas
  • Servicios sociales
Los tratamientos pueden ser individuales o grupales, breves (de pocas sesiones) o durar años, según las necesidades particulares de la persona.

¿Cómo se lleva a cabo una terapia de arteterapia?

“El proceso parte con una entrevista inicial”, nos explica Sally, “En esta entrevista se habla sobre el entorno de la persona, sobre sus necesidades y lo que espera obtener de la terapia. Una vez realizada la entrevista propongo realizar unas cuatro sesiones para ver cómo se siente el paciente con este tipo de terapia, siempre a la misma hora y el mismo día de la semana para proporcionar un espacio que le genera seguridad: saben cuando es, cuándo empieza y cuándo acaba. Tras estas cuatro sesiones, de una hora de duración, se llega a un acuerdo terapéutico entre el profesional y la persona”.
“Las sesiones se dividen en tres fases. La primera es el saludo inicial: permitir que el paciente entre en la sesión, se sitúe; la segunda es el desarrollo creativo artístico, donde la persona explora los materiales y crea; la última fase es la de reflexión sobre lo que han hecho, para mí es la más importante, en la cual se elabora el proceso vivido”, remarca la arteterapeuta.
“Se establece un diálogo entre paciente y terapeuta, en el que el terapeuta tiene mucha cautela a la hora de interpretar, dejando que el paciente lleve la voz cantante. Cuando hay dificultad para ponerle palabras a una situación personal el dibujo quita la presión de hablar de uno mismo y además es algo material que acompaña al paciente a lo largo de su proceso y que le ayuda a focalizar”.
“Cada sesión es muy distinta, en ocasiones el paciente en la hora de sesión apenas tiene tiempo de crear, hay otras veces que cinco minutos son suficientes y hay veces en las que no crea nada”, añade Sally que nos explica casos en los que sus paciente han llegado a pintar con los ojos cerrados como estrategia para eliminar la presión de tener que crear algo bonito.
No se juzgan las imágenes a nivel estético pero muchas veces aparecen imágenes muy bellas justamente porque en un ambiente sin juicio la persona puede dejarse llevar. En los tratamientos grupales de personas con limitaciones físicas y un nivel alto de dependencia en su vida diaria, resulta muy gratificante verse capaces de crear algo y sentir como esto les devuelve su individualidad. “Una mujer de 60 años sufriendo una enfermedad degenerativa que le estaba robando la vista, entre otras habilidades, pintó un clavel enorme de acuarela. La vitalidad de la imagen impactó al grupo y a ella le dio mucha afirmación de su valor”, explica la presidenta de la ATE.

Para más información podéis consultar:

Autorretrato: Borja Vilaseca


Borja Vilaseca, periodista especializado en liderazgo, valores y desarrollo organizacional, y autor de los libros Encantado de conocerme, El principito se pone la corbata y su recién estrenado El sinsentido común.
No os creáis nada de lo que leáis en esta entrevista. Como bien sabéis, la sociedad ya nos ha vendido muchas creencias acerca de quiénes hemos de ser, cómo hemos de comportarnos y de qué manera hemos de entender y relacionarnos con la vida. El resultado de este proceso de condicionamiento, al que hoy por hoy se le sigue llamando “educación”, es el sinsentido común en el que vivimos en la actualidad.

¿Podrías definirnos brevemente qué es el “sinsentido común” de la sociedad?

En mi opinión, el sinsentido común está representado por dos rasgos principales: la ignorancia y la inconsciencia. Es decir, la ignorancia de no saber quiénes somos, cómo funcionamos y qué necesitamos realmente para ser felices; y la inconsciencia de no querer saberlo, de resignarnos a llevar una vida prefabricada, de segunda mano. Tanto es así, que la mayoría de nosotros no sabemos cómo ser felices por nosotros mismos, sin necesidad de estímulos externos. De ahí que nos hayamos conformado con sucedáneos de la felicidad, como el placer, la satisfacción, la euforia de tener cosas. Para mí, la felicidad quiere decir 0% sufrimiento; es un estado interior de conexión profunda con uno mismo. Sin embargo, dado que solemos tener tanto miedo a mirar hacia a adentro y cuestionar nuestras creencias, vivimos con una noción muy equivocada de nosotros mismos, de quiénes somos y de qué es la vida, que tiene mucho que ver con el proceso de educación, que más que educación es una cadena de montaje para convertirnos en consumidores y empleados que perpetúen el sistema económico en el que nos estamos “desarrollando”.

Para ti, la moral y la ética son dos cosas diferentes. De hecho, defines ética como “dar lo mejor de nosotros mismos frente a cada situación”, ¿cómo podemos saber qué es lo mejor para nosotros y para los demás?

En mi proceso de autoconocimiento me he dado cuenta de que la moral tiene que ver con la percepción egocéntrica, subjetiva, de la realidad. Tiene mucho que ver con este condicionamiento y con este infantilismo, en el sentido peyorativo de la palabra, predominante en la sociedad. Las cosas no son buenas ni malas. Las cosas son como son. Los juicios morales están en nuestra mente, no en la realidad. Eso sí, más allá de nuestra manera de interpretar la realidad, lo que sí es cierto es nuestra actitud y nuestras decisiones tienen consecuencias. Por otro lado está la ética y la ética no puede enseñarse, tú puedes decirle a tu hijo: “no hagas esto que está mal” pero esto es una imposición moral, le estás obligando a que se comporte de una determinada manera. De hecho, se suele premiar o castigar a los hijos para que actúen tal y como los padres han considerado que estos tienen que actuar. Sin embargo, la ética es hija de la consciencia y de la sabiduría. Se trata de una actitud que siempre te beneficia a ti pero beneficia también a los demás y al entorno. Por ejemplo, echar una bronca no es algo bueno o malo, tiene consecuencias muy nocivas y destructivas para el que la emite y potencialmente para el que la recibe. Cuando echas una bronca, cuando te enfadas, es como si te tomaras un chupito de cianuro. La persona no echa una bronca porque sea mala persona, sino más bien porque es ignorante. Es decir, porque ignora las consecuencias que tiene echar una bronca sobre su propio organismo. Esta persona dejará de echar broncas cuando se conozca a sí misma, sepa liderar sus pensamientos, sepa cómo gestionar el error de otras personas de forma más madura y eficiente y la ética nacerá como consecuencia de esa sabiduría, dejará de echar bronca no por ser bueno ni malo sino porque comprenderá que se trata de una conducta muy ineficiente, que le hace daño a sí mismo y potencialmente fomenta una relación nociva con otras personas. Es a través de esta sabiduría que dejará de echar broncas a los demás. Así, no se trata de promover una educación basada en la moral, sino en cultivar el autoconocimiento y la sabiduría, de manera que la ética surja de forma natural como resultado.

Si la muerte de un ser querido, el que te deje tu pareja o que te echen del trabajo son “procesos” (entendidos como algo que tiene principio y solución), ¿qué es entonces un problema?

En la realidad, en nuestras circunstancias, en nuestras vidas, no existen los problemas. Los problemas existen en nuestra mente y en nuestra manera de mirar la realidad. Por ejemplo, se muere una persona, eso no es un problema, eso es un proceso: esa persona vivía, ha dejado de vivir, eso es un proceso, los procesos tienen un inicio y un fin. Otra cosa es que a mí como ser humano no me gusta que se haya muerto esa persona, me gustaría que siga viviendo y es totalmente legítimo, ¿entonces qué pasa? Cómo yo no sé lidiar con eso, como yo no sé gestionar emocionalmente eso porque nadie me ha educado para ello, yo convierto ese proceso en un problema y al convertirlo en un problema sufro porque lucho, entro en conflicto, no lo acepto, pero eso no cambia el proceso, a la vida le da igual que tú estés so no de acuerdo, las cosas pasan. El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.
En la vida lo que hay son procesos, y todo el mundo está en su propio proceso, entonces la idea es comprender la naturaleza del proceso, convivir con él, ¿cómo? Aceptándolo. Aceptarlo no quiere decir estar de acuerdo con lo que pasa es, simplemente, no luchar. En este sentido, un problema es cualquier situación que provoca que nos perturbemos a nosotros mismos. La raíz de nuestro sufrimiento no tiene nada que ver con lo que nos pasa sino con lo que hacemos con lo que nos pasa. Si tú conviertes el proceso en un problema no aprendes nada y ese es el gran drama de la vida, no aprender de lo que nos pasa, no poder dar las gracias al aprendizaje derivado del proceso. Principalmente porque aquello que no somos capaces de comprender y aceptar es la única causa de nuestro sufrimiento. Cuanto mayor es nuestro aprendizaje, mayor es nuestra comprensión y así es como poco a poco, a través de un proceso, dejamos de perturbarnos a nosotros mismos al interactuar con las situaciones que nos toca hacer frente.

Nos hablas del miedo, el autoengaño, la narcotización, la resignación, la arrogancia, el cinismo y la pereza como los 7 pecados prefabricados que garantizan la parálisis psicológica de la sociedad ¿Cómo podemos combatirlos?

Creo mucho en la inteligencia, en el potencial, en la capacidad de que cada ser humano, por medio de un proceso, sea su propia fuente de bienestar, que encuentre dentro de sí mismo la manera de lidiar con sus circunstancias de una manera más sabia y eficiente. Puedes tener un montón de referentes pero llega un momento en el que tú tienes que ser tu propio referente, seguirte a ti mismo. Dicho esto sí que es verdad que se han descubierto una serie de mecanismos de defensa que fomentan esta parálisis individual que es la raíz de la parálisis colectiva. Es la fábula del perro que está sentado sobre un clavo y le duele mucho, se victimiza y le dicen: “oye, ¿por qué no te levantas?”. Y el perro contesta, resignado: “Porque no me duele tanto como para hacer el esfuerzo de levantarme”. Lo que está claro es que en la mayoría de los casos la gente no empieza un proceso de autoconocimiento hasta que su nivel de malestar, de sinsentido, de vacío, es superior a su miedo al cambio. Como consecuencia del miedo aparecen un sinfín de excusas y autoengaños que nos damos a nosotros mismos y también mecanismos como la narcotización, la arrogancia, el cinismo, la pereza… En el fondo, todo esto pone de manifiesto nuestro profundo terror a cuestionar las creencias con las que hemos creado el personaje tras el que nos protegemos de los demás y de la realidad. Lo cierto es que la mayoría de nosotros vive detrás de una máscara; eso sí, se trata de un comportamiento inconsciente. No en vano, la gran mayoría ignora que su personalidad no es su verdadera esencia, por eso hay tanto vacío existencial, tanto sufrimiento.

¿Y cuál es el camino para combatir estos 7 pecados prefabricados, para alcanzar el cambio?

En primer lugar, comentar que hay tantos caminos para comprender la verdad que nos libera de este encarcelamiento psicológico como seres humanos hay en este mundo. Lo que todos estos caminos tienen en común es el autoconocimiento. Lo que sucede es que hoy en día la industria de la autoayuda está cobrando mucho protagonismo, se está poniendo de moda y están apareciendo coachs y gurús por todas partes. De hecho, cada vez más personas saben lo que es un coach pero muy pocos saben exactamente para qué sirve. En mi opinión, considero que falta que entre todos hagamos una sana autocrítica de este sector emergente para que no se prostituya del todo. Por eso es imprescindible preservar el escepticismo y el pensamiento crítico. No hemos de creernos nada de lo que nos digan, ni idealizar a nadie ni a nada. No creo ni en los dogmas ni en los gurús. La sabiduría está dentro de nosotros mismos. Lo que sí puede facilitarnos este proceso de aprendizaje es encontrar seres humanos que hayan recorrido parte de este camino y que humildemente nos acompañen un rato, haciéndonos de espejo para que podamos ver reflejada la mejor versión de nosotros mismos. En esencia, de lo que se trata es de experimentar el aforismo “conócete a ti mismo”. Principalmente porque conocerse a uno mismo es una experiencia en sí misma transformadora. No importa si lo haces a través del Coaching, del Eneagrama, de la PNL, etc… Lo que importa es que sintamos que estás herramientas, así como las personas que las comparten con nosotros, estén a nuestro servicio, verificando que este proceso de aprendizaje nos permite ir obteniendo resultados de satisfacción en las diferentes dimensiones de nuestra vida.

Para los que aún no hayan tenido tiempo de leerse tu libro, ¿podrías explicarnos un poco en qué consiste el nuevo paradigma?

La estructura narrativa de este libro representa las tres grandes etapas evolutivas que componen, potencialmente, nuestra experiencia como ser humano. Así, la primera parte del libro se centra en la “orientación al propio interés”. Básicamente es una descripción de los pilares que constituyen el denominado “viejo paradigma”. Es decir, la forma de pensar y de comportarnos con la que hemos sido condicionados por la sociedad, y que actualmente se encuentra en decadencia. Sobre todo porque genera resultados de insatisfacción, tanto en la dimensión personal (vacío y falta de sentido), en la relacional (lucha y conflicto con los demás) como en la profesional (monotonía, estrés e incluso sensación de esclavitud). Lo cierto es que hemos sido adoctrinados para vivir de acuerdo a unas determinadas creencias, valores, aspiraciones, prioridades, necesidades y motivaciones puramente materialistas. De ahí que la segunda parte del libro –la “orientación a la transformación”– sea una invitación a que nos comprometamos con nuestro propio autoconocimiento. En esencia, se explican las claves que posibilitan un cambio de paradigma. Esto es, un cambio profundo en tu forma de comprendernos y de relacionarnos contigo mismo y con los demás. Por último, la tercera parte se centra en la “orientación al bien común”. Y ésta vendría a ser una exposición, a grandes rasgos, de los cimientos que constituyen el llamado “nuevo paradigma”. Es decir, una nueva manera de pensar y de comportarnos más eficiente y sostenible. Principalmente porque genera resultados de satisfacción, tanto en la dimensión personal (plenitud y sentido), en la relacional (fluidez y armonía con los demás) como en la profesional (creatividad, entusiasmo y autorrealización). La finalidad de explicar este proceso evolutivo es que aumente nuestra comprensión sobre las causas y consecuencias que tiene orientar nuestra existencia a saciar únicamente nuestro propio interés. Y que comprobemos por nosotros mismos los beneficios de dedicar nuestra vida a la transformación y, en consecuencia, al bien común. Cabe decir que el mayor obstáculo para evolucionar como seres humanos y progresar como sociedad es apegarnos a nuestro actual sistema de creencias…

¿Y que es entonces la ley de Wurphy?

Se trata de una teoría popular cargada de victimismo, pesimismo y resignación, cuya finalidad es explicar los infortunios que forman parte de nuestro día a día. En esencia, establece que “si algo puede salir mal, saldrá mal”. Y esta afirmación se aplica tanto a situaciones banales como a cuestiones más trascendentes. Así, por medio de la ley de Murphy tendemos a enfatizar aquellos hechos que nos perjudican o que directamente no nos benefician. Y esta es la razón por la que cada vez que una rebanada de pan untada con mantequilla se nos cae al suelo, la mayoría de nosotros tendemos a recordar más vívidamente las veces en que cae con el lado de la mantequilla hacia el suelo. Es decir, que solemos quejarnos cuando esto ocurre, pero no solemos acordarnos cada vez que cae del lado opuesto. O incluso de cuando ni siquiera se nos cae. Cabe señalar que esta percepción egocéntrica está en decadencia. Inspirados por la visión que promueve el nuevo paradigma, cada vez más seres humanos estamos empezando a regirnos por los principios que establece la denominada “ley de Wurphy”. Y ésta se basa en una simple premisa: “Aprender a vivir el misterio de la vida con asombro”. Y en base a esta toma de consciencia ya no damos nada por sentado. Es entonces cuando reconectamos con la alegría que nos produce sentir que estamos vivos y que formamos parte de la vida. Al percibir la realidad desde la óptica de la ley de Wurphy, entramos en un círculo virtuoso que nos lleva a potenciar el positivismo y el optimismo, encontrando cada día cientos de detalles cotidianos por los que sentirnos profundamente agradecidos. Así, la mayoría de nosotros dormimos sobre una cama y bajo un techo. A veces acompañados. Siempre calentitos. Tenemos acceso a agua potable. Y a ciertos lujos con los que mantener nuestra higiene. Encendemos el grifo y sale agua caliente a propulsión. Comemos cada día un mínimo de tres veces. Tenemos nevera. Y despensa. Etcétera, etcétera, etcétera… Según la ley de Wurphy, nuestra capacidad de apreciar y valorar lo que sí forma parte de nuestra vida es infinita, tan ilimitada como lo es nuestra imaginación. El reto es acordarnos cada vez que la tostada cae con el lado de la mantequilla hacia arriba. Y hacerlo también cuando no se nos cae de la mano. E incluso apreciar y valorar el hecho de podernos comer una tostada siempre que queramos. Sin duda alguna, cultivar esta actitud –que sólo depende de nosotros– puede volvernos inmensamente ricos y prósperos.

¿Tú confías en que este cambio de paradigma, del cual dices es poco representativo actualmente en la sociedad, se haga efectivo?

Cuando me pongo a pensar en cómo es la sociedad, cómo funcionan la mayoría de personas y cómo es lo que estamos creando entre todos, personalmente ahí mi optimismo, mi energía y mi entusiasmo pierden fuerza, ¿por qué? Porque el cambio de lo externo forma parte del denominado “círculo de preocupación”: es decir, todo aquello que no depende de mí cambiar, pues son procesos externos cuyo cambio y transformación dependen de muchos otros factores que escapan a mi influencia personal. Yo lo que hago es centrarme en aquello que sí que depende de mí: pongo mi mente, mi corazón, mi energía y mi entusiasmo en mi círculo de influencia: en aquello que sí depende de mí hacer y cambiar. En este sentido, he creado un master en Desarrollo Personal y Liderazgo de la UB; he montado la consultora Koerentia, especializada en aprendizaje organizacional; he creado la fundación La Akademia, desde donde promovemos gratuitamente el autoconocimiento y la responsabilidad personal entre los jóvenes; escribo artículos y libros que invitan a cuestionar nuestra manera de pensar… La pregunta que lanzo desde aquí a cualquier ciudadano indignado con la sociedad y el sistema del que todos participamos es ¿Qué puedo hacer yo para cambiar aquello de lo que me quejo? Principalmente porque la sociedad, el sistema, las empresas, los políticos, etc son un fiel reflejo de cómo pensamos y nos comportamos la mayoría de nosotros. Tanto es así, que la verdadera revolución del siglo XXI es, en mi opinión, reflexionar y cambiar nuestra manera de ganar y de gastar dinero, y no ir a la plaza del ayuntamiento a quejarse con un megáfono y una pancarta. Atreviéndonos a ser el cambio que queremos ver en el mundo, nos inspiraremos unos a otros a seguir creciendo y evolucionando interiormente, lo que a su debido tiempo irá moldeando nuestra realidad exterior. Se trata de una ley eterna e inmutable: el cambio del sistema es el resultado del cambio de mentalidad de la mayoría de personas que formamos parte del sistema.

A través de las páginas de tu libro animas al lector a descubrir cuál es el propósito de su vida, su misión ¿les confesarías a los lectores de Crearte Magazine cuál es la tuya?

Me gustaría empezar diciendo que dentro del mundo del crecimiento personal hay muchas personas que su principal fuente de conflicto, malestar y perturbación es que no han encontrado su propósito en la vida. Paradojas del camino. El descubrir tu propósito en el camino surge como consecuencia natural de tu proceso de autoconocimiento, surge como consecuencia natural de aprender a ser feliz por ti mismo, de desarrollar tu paz interior, de cultivar el amor para contigo mismo y con los demás. En la medida en la que aprendemos a trascender a nuestro ego, reconectando con nuestra verdadera esencia, con nuestro potencial, esta transformación interna empieza a afectar a la calidad de mis pensamientos, a mi forma de ver la vida, y de forma natural uno empieza a vislumbrar el tipo de facultades, de talentos, de fortalezas que tiene y se da cuenta de cómo esto podría ponerlo al servicio de los demás en forma de vocación, de profesión útil. El obstáculo es que muchas personas están buscando desde la mente lo que quieren hacer con su vida cuando resulta que esto no es una elección racional, es un sentir, es algo vocacional, y por supuesto que puedes tomar decisiones, pero las tomas siendo coherente con eso que has descubierto que eres. Alinearte con tu verdadera vocación, con el propósito de tu existencia, no se logra a base de voluntad, sino que fluye de manera natural cuando verdaderamente te conoces a ti mismo. En mi caso personal, he descubierto que mi propósito es democratizar la sabiduría, emprendiendo proyectos que inspiren y promuevan que las personas se comprometan consigo mismas, cultivando su propia sabiduría. Lo cierto es que toda esta información que estoy compartiendo contigo no me la inventado yo. Foma parte de la denominada “Filosofía Perenne”, una sabiduría que se viene trasmitiendo desde que existe la humanidad a través de una serie de sabios, filósofos, rebeldes, que cuestionaron el estatus quo de su tiempo, que fueron más allá de las creencias y del condicionamiento predominante de su época, que entraron a raíz de una crisis existencial en un proceso de autoconocimiento, conectando con esas verdades que están dentro del ser humano, y dedicando sus vidas a compartirlas con otros buscadores. Estamos hablando de Sócrates, Lao-Tsé, Jesús de Nazaret, Buda… Y más recientemente, de Jiddu Krishnamurti, Osho, Antony de Mello, Gerardo Schmedling, Antonio Blay, Raimon Panikkar, Eckhart Tolle… y tantos otros que simplemente han ido experimentando por sí mismos, poniendo palabras cada vez más accesibles para que este conocimiento pueda ser convertido en sabiduría por cada vez más seres humanos. No se me ocurre nada más maravilloso que ser y hacer lo que estoy siendo y haciendo en estos momentos. Doy gracias cada día a la vida por haberme permitido descubrir mi propio camino.

Volviendo a la reeducación hacia el agradecimiento, en la sociedad actual y, a nivel orientativo, ¿te atreverías a ponerle un % a la gente que se queja cuando el agua de la ducha sale fría y a la que agradece el hecho de que salga caliente?

Sinceramente, no lo sé. Lo que sí me atrevo es a afirmar que es un milagro encontrar a una persona que mientras se está duchando se está duchando de verdad. La gran mayoría de nosotros mientras nos estamos duchando estamos pensando en la reunión que tendremos después, en lo que pasó ayer... no estamos apreciando ni valorando ese gran momento que podemos vivir cada día que es el ducharnos con agua a presión calentita. Y mucho más ahora, en pleno invierno… Hay tenemos una gran oportunidad para practicar la atención plena: estar en el lugar donde estamos, disfrutando de las pequeñas cosas que nos ofrece cada momento. La invitación es a ducharte mientras te estás duchando, caminar por la calle mientras estás caminando, conducir mientras estás conduciendo... Es algo tan obvio que muchos terminamos obviándolo, viviendo entre el pasado y el futuro, perdiéndonos constantemente los regalos que la vida reserva para quienes aprenden a vivir plenamente el momento presente.

Defines por contraposición algunos conceptos, ¿puedo pedirte que describas lo que es la felicidad, la paz interior y el amor con tus propias palabras?

Por supuesto. Para ello, comentar que mi gran referente en esta vida se llama Gerardo Schmedling, un sabio cuyo legado consistió en promover la espiritualidad desde un enfoque escéptico y científico. De hecho, él solía preguntar a sus discípulos: “¿cómo podemos saber que estamos evolucionando como seres humanos?” Pues a través de una serie de indicadores intangibles y posmaterialistas, que sirven precisamente para verificar que realmente estamos aprendiendo de los procesos que forman parte de nuestra vida, sean los que sean. El primer indicador es la felicidad, felicidad entendida como 0% sufrimiento. No hay nada en la realidad que sea la causa de nuestro sufrimiento; las cosas pasan, hay situaciones adversas, hay personas conflictivas, pero en última instancia cada uno de nosotros se perturba a sí mismo, mejor dicho, es nuestro ego, que reacciona de forma ignorante y egocéntrica y te tomas un chupito de cianuro que te destruye. Nadie nunca te ha hecho daño, sólo tú te has hecho daño a ti mismo. Cuando uno comprende que su sufrimiento sólo depende en última instancia de su forma de ver la realidad y los pensamientos que tiene, comprende que tú eres la única causa de tu sufrimiento y tu felicidad. Podemos concluir, de forma “científica”, que cuanto mayor es tu comprensión, cuanto mayor es tu autoconocimiento, cuanto mayor es tu sabiduría, cuanto mejor sabes gestionar emocionalmente las cosas que te pasan, menos va a ser tu nivel de sufrimiento y mayor va a ser tu grado de felicidad. El sufrimiento y la insatisfacción son el alimento de nuestro ego. Y las características principales de éste son el egocentrismo, el victimismo y la reactividad. Así, vivir desde el ego consiste en pretender que la realidad se adapte permanentemente a nuestros deseos, necesidades, aspiraciones y expectativas. Y en paralelo, reaccionar mecánicamente e impulsivamente cuando las cosas no benefician o creo que me perjudican. Al ser esclavos de nuestras reacciones emocionales, somos esclavos de nuestras circunstancias. Por eso la gente suele adoptar el rol de víctima, queriendo que cambie lo externo, que cambien los demás, que cambien los políticos, que cambien las empresas… Y tiene todo el sentido: como yo no sé ni quiero cambiarme a mí mismo y sufro porque no sé como gestionar emocionalmente los procesos externos, quiero que cambie lo externo para dejar de sufrir… El siguiente indicador es la paz interior: cuando más paz interior tengo menos reactivo soy porque más consciente soy, más atento estoy, más vigilante, más observador: pasan las cosas, pero al estar presente, atento y consciente, soy capaz de elegir mi actitud y mi respuesta frente a las circunstancias. Así es como aprendo a aceptar lo que me sucede, dejando de reaccionar y, en consecuencia, de tomarme más chupitos de cianuro. Y no sólo eso. Al ser dueño de mí mismo, de mis pensamientos, de mis actos y comportamientos, empiezo a cultivar el tercer indicador: el amor. Es decir, el dar lo mejor de mí mismo frente a cualquier persona y situación, desapareciendo así la lucha y el conflicto de mi vida. Este amor hay que entenderlo como “agape” que decían los griegos, es decir, como aceptación, respeto, compresión, empatía, compasión… Una serie de conductas y actitudes que me permiten convertirme en la mejor versión de mí mismo. Dejo de perturbarme y empiezo a contribuir con mi granito de arena a ser cómplice de los procesos evolutivos de los demás. Ahí es cuando nace la vocación de servicio.

En el libro nos hablas de la necesidad de trabajar nuestra capacidad de amar para dejar de vivir “rotos por dentro”, sin autoestima y poder ser menos influenciables y más nosotros mismos. ¿Qué crees que podemos hacer para educarnos emocionalmente?

Para mí hay un concepto clave que es la “emancipación emocional”. Basamos nuestra autoestima en la percepción que tienen los demás de nosotros. Esto es un error de base que tiene que ver con una noción equivocada de nosotros mismos. Para emanciparte de lo que piensen los demás fíjate en tus perturbaciones, en tus conflictos, en lo que crees que te hace sufrir… Frente a cualquier perturbación, deja de señalar hacia fuera y de culpar a los demás, y simplemente observa dentro de ti mismo. ¿Por qué me perturbo? ¿Qué puedo aprender de mí mismo para dejar de perturbarme? La respuesta a estas preguntas señala a la causa de la perturbación: nuestra autoestima, nuestra manera de vernos y de valorarnos. Todo aquello que queremos que los demás nos den, nos reconozcan, nos valoren es precisamente lo que no nos estamos dando, reconociendo y valorando por nosotros mismos. Emanciparse emocionalmente quiere decir aprender a ser feliz por mí mismo, sin necesitar ni depender de la aprobación, del cariño y de la estima de los demás. Esta es sin duda una de las cualidades sobre la que se asienta la verdadera madurez emocional. Hay una rase maravillosa que refleja esto: “No hay amor suficiente en este mundo para llenar el vacío de una persona que no se ama a sí misma”. Es una ilusión creer que seré feliz cuando los demás me quieran porque nunca vamos a tener suficiente de aquello que en realidad no necesitamos. Lo que sí necesitamos es conocernos, comprendernos, aceptarnos y amarnos por el ser humano que somos, con nuestras luces y sombras. Y esto que es muy fácil de decir, da para un proceso de aprendizaje. En esencia, se trata de conquistar nuestro diálogo interno: la manera en la que nos hablamos y comunicamos con nosotros mismos. Es fundamental empezar a darnos esos mensajes que me gustaría que los demás me dieran, la autoestima es como un recipiente que se va llenando gota a gota cada vez que te tratas con cariño, que te valoras, que te quieres.

¿Qué es lo primero que uno se encuentra cuando comienza el camino del autoconocimiento?

Por mi propia experiencia, lo primero con lo que te encuentras es con tu ego, con tu personalidad, con tu instinto de supervivencia emocional. Es decir, con la máscara que has construido a base de creencias, valores y aspiraciones de segunda mano, prefabricados. Y como no, con tus miedos, carencias, miserias, frustraciones, inseguridades, complejos, etc… Poco a poco vamos haciendo más consciente este falso concepto de identidad, el personaje que hemos construido desde que nacimos para adaptarnos y ser considerados miembros normales del grupo social al que pertenecemos. En segundo lugar y como consecuencia, conectamos con el dolor que hemos ido acumulando a lo largo de la vida. Es decir, con los residuos generados por los chupitos, o mejor dicho, las botellas de cianuro que nos hemos ido tomando cada vez que hemos reaccionado y entrado en conflicto con la realidad… Este dolor emocional se percibe como una sensación incómoda y desagradable en nuestro interior. Hoy en día se la conoce como “vacío existencial”, que no es más que una cortina de humo que nos separa de nuestra verdadera esencia, más allá del ego o falso concepto de identidad. Lo cierto es que en Occidente cuando hablas de vacío se le da el enfoque negativo; en oriente se le da el positivo: la visión del vacío como punto de partida para empezar a reconectar con lo verdaderamente sagrado, profundo y real que hay en ti: la esencia o yo verdadero. Nacemos con una semilla, ahí dentro está todo nuestro potencial. Sin embargo, está queda sepultada por el ego, que nos protege mientras no somos capaces de vivir conscientemente. Una vez topamos con el sufrimiento que nos genera la ignorancia y la inconsciencia, iniciamos un camino de autoconocimiento, aprendizaje y transformación, por medio del que podemos convertirnos en el ser humano que hemos venido a ser: en la mejor versión de nosotros mismos, ofreciendo ese aroma, ese fruto, ese talento, ese valor al servicio de la vida de los demás. En mi caso personal, reconozco que conocer y trabajar la herramienta del Eneagrama de la personalidad marcó un importante punto de inflexión en mi vida.

¿Qué es el eneagrama? ¿Hasta qué punto es fiable o demostrable su fiabilidad?

Eneagrama significa “nueve líneas” en griego. Se trata de una herramienta de autoconocimiento que describe nueve tipos de personalidad, nueve modelos mentales, nueve esqueletos psicológicos. Hemos nacido en una sociedad, hemos recibido un condicionamiento socio-cultural, unas creencias, unos valores, unas prioridades, unas aspiraciones, una determinada influencia política, religiosa, económica, profesional, una serie de creencias familiares, una influencia de los padres, es decir, todo un condicionamiento externo que es muy determinante para entender la parte más superficial de nosotros mismos. Pero luego lo que determina cómo somos es nuestro modelo mental. Por eso nuestros hermanos, a pesar de este mismo condicionamiento, tienen su propia personalidad, diferente de la nuestra. Cada uno de nosotros hemos procesado y digerido todos los estímulos externos de forma subjetiva, a través de nuestro particular modelo mental. A partir de ahí, el Eneagtrama describe a grandes rasgos, a modo de orientación y referencia, cómo son estos nueve modelos mentales, tanto desde la perspectiva del ego como de la esencia, es decir, de la luz y la oscuridad que cohabitan dentro de cada uno de nosotros. A mí personalmente me ha ayudado muchísimo a comprender por qué soy como soy, a hacer más conscientes mis miedos, mis carencias, mis conflictos internos y, sobretodo, a saber cómo gestionarlos para trascenderlos, entrenando así una serie de cualidades y fortalezas innatas. A día de hoy la vida me ha regalado la posibilidad de compartir esta herramienta con más de 1.500 personas, pudiendo comprobar y verificar el impacto tan constructivo que tiene sobre la vida de otros seres humanos. Sin duda alguna, es un excelente punto de partida para conocerse a uno mismo. Eso sí, sin creerse nada…

A modo de conclusión, ¿nos darías algunas claves, a nivel práctico, para convertir todas estas palabras en sabiduría?

En mi caso personal, al empezar a darme cuenta de todo esto que ahora me dedico a compartir con otros, comencé a ponerlo en práctica para con mi familia. Es decir, con mis padres y mis hermanos. En su día mis relaciones familiares estaban marcadas por el odio, la lucha, el rencor, el conflicto, el sufrimiento. Me victimizaba, reaccionando constantemente y envenenando mi corazón con cianuro a través de pensamientos egocéntricos… En cambio, tras unos cuantos años de entrenamiento y aprendizaje, y al cambiar mi manera de ver lo que me había sucedido, entrenando el músculo de la responsabilidad, puedo decir que la relación que mantengo con mis padres y hermanos es maravillosa desde todos los puntos de vista. Miro hacia atrás y solo siento agradecimiento. En este sentido, para mí lo más sagrado de este viaje es haber podido reconstruir mi relación con todos ellos, reconstruyendo la relación que mantengo conmigo mismo. Principalmente porque no me cabe la menor duda de que esto ha posibilitado que hoy en día pueda compartir mi vida junto con una mujer maravillosa… Dicho esto, si algo de lo que he comentado a lo largo de esta entrevista tiene sentido para alguien, le invito a que verifique, en primer lugar, qué resultados emocionales está obteniendo a día de hoy con su padre, con su madre, con sus hermanos, con su pareja y con sus hijos. No importa si están vivos o muertos. La relación que mantenga con ellos es un fiel reflejo de la relación que mantiene consigo mismo. Este es el inicio del viaje, del camino. Y es que lo mejor que podemos hacer por la humanidad es ser felices por nosotros mismos, compartiendo nuestra felicidad con las personas que nos cruzamos en nuestro camino. Todo lo demás vendrá por añadidura.

Un verano en la adolescencia


Antes de todo saludaros queridos lectores, de nuevo nos encontramos en el segundo número de Crearte Magazine y no puedo empezar mi artículo sin unas palabras de agradecimiento para la primera asociación española de Coaching Familiar Aecofam, son todo un referente y pioneras en España de coaching familiar. Quiero dar las gracias especialmente a Rocío Gómez Sanabria (Refuerzos Positivos) por su generosidad y comprensión. Para mí la definición de Aecofam de coaching familiar fue especialmente inspiradora por lo que, aparte de incluirla ya en mi primer artículo, quiero dedicar estas líneas a este humilde agradecimiento.

Reflexionaba este verano sobre el paso del tiempo y las diferentes generaciones, veranear siempre en el mismo lugar te da la oportunidad de observar el transcurso de los años en las vidas de la gente que comparten, quieran o no, tu paisaje de vida. Observaba a un grupo de adolescentes en el chupinazo de las fiestas del pueblo -no sin cierta nostalgia, tal vez envidia sana-, o el recuerdo de que aquello que sentían esos jóvenes, esos latidos del verano que retumban en el alma, un día lo sentí yo igual… ¿Igual? Esa es la pregunta, ¿20 años después todo es igual a una misma edad? ¿Para todos? ¿Qué es lo que hacía que no pudiera dejar de observar la energía que movían esos chavales?
Unos días más tarde supe que sí, que hay cosas que siguen siendo igual para todos. Todos pasamos por el difícil y divertido camino de la adolescencia a la juventud. Amor de verano, primer amor, primeras experiencias sociales, sexuales, etc. Seguramente esas chicas habían estado todo el día emocionadas pensando que ya había llegado por fin el gran día, salir a la calle y lucir ese vestido que habían escogido, que iban a estrenar el primer día de las fiestas ¿y ellos? Ellos igual, de otra forma pero igual: ese llegar una hora más tarde del horario establecido del verano, la primera vez que van a tener oportunidad de bailar con ella, últimos retoques delante del espejo para ultimar el peinado de moda, perfumados hasta las orejas y preparados para comerse al mundo o lo que el mundo les deje.
¿Hay diferencia os preguntaréis? Las hay, y las siguientes preguntas las pondrán en relieve:

¿Creen ellos que están haciendo algo malo o creen que tan solo se están divirtiendo?
¿Cuántos de nosotros llegábamos a casa escondiendo, o peor, mintiendo sobre lo que habíamos hecho?
¿Cuántas opciones teníamos entonces de contar a nuestra madre o padre que veníamos de estar un rato besándonos con el chico más guapo del mundo por el que estabas coladita?
¿Y ellos? ¿Cuántos de vosotros podíais mostraros sensibles y enamorados delante de vuestro padre?
¿Qué consecuencias nos ha dejado ahora como adultos, toda esa prohibición que marcaba la tónica de nuestra generación?
¿Cómo nos deja esa vivencia ahora delante de nuestros hijos?
¿En qué nos afecta? ¿Les damos más libertad? ¿Les damos menos? ¿O tan sólo miramos hacia otro lado sin saber muy bien qué hacer?

Os propongo una dinámica sencilla de hacer pero no fácil de responder. El coaching aplicado a su desempeño se basa en:

-Contexto: Tomamos conciencia y responsabilidad del asunto que nos lleva.
-Habilidad: Preguntas efectivas, potentes que nos revelan una atención activa.
-Secuencia: Meta, el hecho de llegar al objetivo marcado.

Merece la pena que le dediquéis un tiempo a responder a las preguntas propuestas, podéis hacerlo en solitario, con vuestra pareja o con vuestro hijo adolescente, siempre resulta interesante escuchar y observar diferentes puntos de vista.
Es importante que las respuestas a las preguntas se fijen en lo que SÍ queremos, ponderando así las respuestas afirmativas.

Dinámica:

Mi adolescencia. Su adolescencia:

1-¿Cuál es mi visión de la adolescencia?
2-¿Qué creencias tengo sobre la adolescencia?
3-¿Esas creencias son potenciadoras o por el contrario restan?
4-Imagina que dispones de una barita mágica, ¿Cómo te habría gustado que fuese tu adolescencia?
5- Hazle a tu hijo la misma pregunta, ¿Hay coincidencias? ¿Diferencias? Estudia bien las respuestas, te ayudaran a tener herramientas para desarrollar una conversación con tu hijo adolescente.
6-¿Cómo me gustaría que mi hijo recordarse su adolescencia?
7-¿Qué podría hacer yo, para que eso fuera así? ¿Qué estoy dispuesto hacer?
8-Ahora que has definido lo que puedes aportar a la adolescencia de tu hijo, pregúntate: ¿Es un objetivo real, asumible?, ¿tengo alguna resistencia personal que me impida llegar a mi objetivo marcado?
9- ¿Le has expresado a tu hijo, todas estas inquietudes?
10- Apunta en una hoja tus respuestas y reflexiona sobre ellas. Tus propias respuestas
Te ayudaran a perfilar una hoja de ruta por donde continuar el aprendizaje de empatizar
con tu hijo adolescente.

Espero que el uso de las preguntas efectivas, en lugar de instrucciones u órdenes, os ayude a elevar vuestra conciencia y responsabilidad. Como cualquier nueva habilidad, actitud o estilo, la metodología del coaching requiere compromiso, práctica y algún tiempo hasta que fluya con naturalidad y eficacia.

Es una nueva manera de ver a las personas, desde una perspectiva más optimista. Con esta visión más positiva de nosotros y nuestros hijos me despido, os deseo un muy feliz y positivo año nuevo. Un fuerte abrazo.

Ester Fernández
esterfernandez@creartemagazine.com

La magia del coaching en la Formación

La formación es un proceso que todas las personas necesitamos para desarrollarnos como buenos profesionales.Llevo muchos años formando y desde que el coaching entró en mi vida, todas las formaciones que imparto se han convertido en mágicas.
El objetivo de un formador eficaz es transmitir conocimientos, desarrollar habilidades o cambiar actitudes, pero para que esto sea posible es absolutamente necesario que los participantes en una acción formativa sean conscientes de que realmente necesitan ampliar sus conocimientos, desarrollar sus habilidades o cambiar sus actitudes y esto se logra a través de la aplicación del coaching en el aula.

En la actualidad, cada acción formativa que yo desarrollo comienza con un viaje extraordinario hacia el “yo” y es apasionante comprobar como a través de las creencias propias que por ejemplo, un líder puede tener, encuentra las relativas a los miembros de su equipo que le potencian o le limitan en esa función de liderazgo. Es fascinante sentir las emociones que fluyen por el aula y cómo cada asistente es consciente de ellas comprendiendo que es necesario gestionarlas para que no sean un freno en su desarrollo.
Conocerse mejor a uno mismo, es imprescindible para conseguir retos tanto personales como profesionales. Ser conscientes de los puntos fuertes y de las áreas de mejora de uno mismo es el primer paso para ser capaces de observar y percibir los puntos fuertes y las áreas de mejora de las personas sobre los que una persona tiene responsabilidad.

Aprender a preguntarse a uno mismo sin sentirse culpable es imprescindible para saber preguntar al otro, sin juzgar. Lograr entusiasmarse con lo que uno hace es una premisa para entusiasmar. Conseguir validarse uno mismo es necesario para poder validar y reforzar a los demás.
La verdad es que es muy gratificante percibir como a través del coaching los asistentes son más conscientes de sus pensamientos, de sus creencias, de sus valores, de sus emociones y por lo tanto de sus comportamientos y que si algo se desea cambiar se puede lograr estableciendo unos planes de acción para lograrlo.
En los momentos actuales tan difíciles que estamos viviendo, en los que la desmotivación y el miedo está presente en la mayoría de las personas (y por lo tanto también se hacen patentes en el aula), a través del coaching se consigue aprender a trabajar los pensamientos negativos para transformarlos en positivos y dar paso a acciones concretas que permitan avanzar.

Cuando termino una acción formativa siempre solicito que los asistentes hagan un plan de acción que incluya tres aspectos:
  • Un pequeño cambio: ¿Cómo lo vas a lograr? ¿En cuanto tiempo? ¿Cómo puedes saber que lo has logrado?
  • Algo que potenciar: ¿Cómo lo voy a conseguir? ¿En cuánto tiempo? ¿Cómo voy a saber que lo he potenciado?
  • Qué mantener: ¿Cómo sé que lo estoy manteniendo

Y es en ese momento, cuando escucho atentamente dichos planes, cuando me siento altamente satisfecha, porque es donde compruebo que los asistentes han comprendido algo muy importante: que ellos son los únicos protagonistas de su vida y que pueden modificar aquello que no les gusta, si es que así lo desean.

El coaching produce por tanto un efecto mágico en los asistentes:
  • Desencadena el proceso de aprendizaje, al tomar consciencia de las propias creencias, de las propias emociones y de los propios comportamientos, lo que les otorga la capacidad de decidir si es preciso cambiarlos
Un clásico cuento Zen sobre el aprendizaje nos narra lo siguiente:


"Había una vez un hombre erudito que se jactaba de sus conocimientos y deseaba reafirmar su posición a través de la adquisición de nuevos aprendizajes. En su región vivía un excelente maestro y el hombre decidió visitarle para pedirle que le aceptara como estudiante.

Una vez llegado a la morada del maestro, el hombre se sentó en la humilde sala de espera y miró alrededor con una clara —aunque para él imperceptible— actitud de superioridad. La habitación estaba casi vacía y los pocos ornamentos sólo enviaban mensajes de armonía y paz. El lujo y toda ostentación estaban manifiestamente ausentes.
Cuando el maestro pudo recibirle y tras las presentaciones debidas, el primero le dijo: “permítame invitarle a una taza de té antes de empezar a conversar”. El hombre asintió disconforme. En unos minutos el té estaba listo.
Sosegadamente, el maestro sacó las tazas y las colocó en la mesa con movimientos rápidos y ligeros al cabo de los que empezó a verter la bebida en la taza del huésped. La taza se llenó rápidamente, pero el maestro sin perder su amable y cortés actitud, siguió vertiendo el té. El líquido rebosó derramándose por la mesa y el profesor, que por entonces ya había sobrepasado el límite de su paciencia, estalló airadamente tronando así: “¡Necio! ¿Acaso no ves que la taza está llena y que no cabe nada más en ella?”. Sin perder su ademán, el maestro así contestó: “Por supuesto que lo veo, y de la misma manera veo que no puedo enseñarte el Zen. Tu mente ya está también llena”.


Mercedes Melgar
mmelgar@solveconsultoria.com
mmelgar@trainer-coaching.com